TRABAJO
DOMICILIARIO DE PRÁCTICAS DEL LENGUAJE
Profesora: BRITO PAULA Curso: 1° B
Queridas Familias:
Creo en las oportunidades y por eso considero que estos momentos de
aislamiento y cuarentena pueden transformarse en excelentes oportunidades para
acercarnos a nuestros hijos e hijas y compartir con elles gratos momentos de
aprendizajes y propiciar encuentros que nos sirvan para generar nuevos lazos y
al mismo tiempo, actividades pedagógicas que potencian la enseñanza desde el
hogar.
Por ello, para estos próximos días en los
que reforzar aprendizajes resulta sumamente importante, les envío la propuesta
de una actividad propia de nuestra materia, que tiene el fin de despertar el
interés de la lectoescritura en cada estudiante. Para generar dicho interés es
fundamental que los adultos de la familia se tomen un tiempo de conexión con
sus hijes. Acuerden un día y horario entre ambas partes y generen un momento de
conexión a través de la lectura de este material. Es un material que apunta a
reflexionar sobre cuestiones vitales y sumamente interesantes, como la propia
identidad, la familia y el entorno, y la biografía. Por ello considero que se
despertarán en sus hijes intereses genuinos sobre sus nacimientos, sus árboles
genealógicos y demás cuestiones que pueden ser un puente fundamental para
entablar un diálogo que enriquezca a todes más allá de esta tarea escolar. Todo
el acompañamiento pedagógico que yo, como docente, realizo en el aula esta vez
quedará a cargo de Ustedes. Por eso, les pido:
a. Que acuerden entre ambas
partes un día y horario para hacer esta actividad. Que no sea algo impuesto,
sino consensuado.
b. Que se tomen el tiempo de
leer e interrumpir la lectura ante determinadas palabras que sean difíciles de
comprender y necesiten una explicación por parte del adulto. Ya sea a través de
una explicación simple y práctica, o bien utilizando el diccionario y buscando
juntos la palabra que ambos desconocen.
c. Que estén abiertos y
receptivos a cualquier pregunta genuina que pueda surgir por parte de sus hijas
e hijos. Sobre sus vidas, sobre las de ustedes y el resto de su familia, y
sobre cualquier otra cuestión que la lectura haya despertado en cada une. Esto
es fundamental. Recuerden que una pregunta esquivada o no respondida es un
silencio violento en nuestro interior, especialmente cuando reflexionamos sobre
nuestras vidas y las de los demás. Aprovechen estos momentos para hablar y ser
sinceros. Es válido y oportuno decir “no sé”, “me pone triste hablar de esto,
pero cuando pueda hacerlo te prometo que lo haré”, “nunca me había preguntado
eso, dejame pensarlo”; no es válido el silencio y el desamparo.
d. Que disfruten el tiempo
compartido con sus hijes siempre.
SOBRE
MATERIAL DE LECTURA Y EL MODO DE ABORDARLO:
Vamos
a trabajar con un texto llamado “La falsa biografía”, del escritor argentino
contemporáneo Hernán Casciari[1].
La intención pedagógica de esta actividad es iniciar el ciclo de Diagnóstico
(que generalmente nos ocupa las primeras clases de marzo-abril) para evaluar
los conocimientos previos de cada estudiante, sus aptitudes e intereses sobre
la materia, así como también sus personalidades, modos de relacionarse con el
grupo y formas de comportarse en el aula.
En este caso utilizaremos los textos que
dejo a continuación para trabajar sobre tres ejes vertebrales: el concepto de
“autobiografía”, “identidad”, y “familia/entorno”.
Además, aprovechamos siempre la lectura
para reforzar y ampliar el vocabulario de cada estudiante. Por eso les detallo
a continuación aquellas palabras o conceptos que estimo deben trabajarse
paralelamente a la lectura para que cada niñe tenga la oportunidad de comprender
el texto de manera cabal. Recuerden que un texto mal comprendido suele ser un
texto “aburrido” y así la lectura se torna densa y poco fructífera.
Vocabulario a atender (según orden de aparición)[2]:
Texto 1: (“Falsa biografía: ¿Quién realmente soy?”):
medio oficialista – obsecuente – 1° y 3° persona narrativa – neutral –
triquiñuela semántica – hazañas – sensato – “troll” – prosa barroca –
ensañamiento – coloquio.
Texto 2: (“Biografía según mi madre”): inducir –
extasiada.
Texto 3: (“Biografía según un troll”): concepto
moderno de “troll” en oposición al concepto mitológico de “troll” – telegrama –
tábidas – despojos – sepultura – anheladas – repudiado – paria.
Texto 4: (“Biografía según un amigo”): engominado
– gesticula – cautivando.
Texto 5: (“Biografía según un abuelo”): riendas
cortas – decadencia – dislates.
ACTIVIDADES:
A. Leer en familia el texto propuesto por la docente,
compartiendo comentarios, dudas, pensamientos e ideas que surjan
espontáneamente.
B. Componer, a través del diálogo, una idea integral
sobre qué es una autobiografía y sobre qué es la identidad y cuál es el rol de
las familias en la formación de esta.
C. Utilizar el texto de Casciari a modo de ejemplo y
escribir una autobiografía desde la 1° persona narrativa (es decir, desde el
“yo”, o sea desde la autoría personal de cada estudiante). Y realizar también
biografías desde la 3° persona narrativa (es decir, desde una tercera voz que
hable de “él/ella”; o sea, deberán escribir, al igual que el texto original,
biografías desde la mirada de la madre, padre o tutor, desde la mirada de un
amigue y también de un “troll” o enemigo y, por último, desde la mirada de
abuelos/as).
Aquí hay dos opciones: o
bien cada estudiante escribe por entero todas las autobiografías, como hizo el
escritor Casciari; es decir, imaginando cómo sería su biografía siendo
pensada/escrita desde su mamá, amigo, abuela, etc.
O bien pueden intervenir
realmente dichos agentes familiares y escribir biografías interesantes de cada
estudiante.
También pueden elegir ambas
opciones, es decir, que el estudiante escriba su autobiografía y la de un amigo
y enemigo, por ejemplo. Mientras que sus papás, mamás y abueles escriben las
suyas.
¡Recuerden que la idea es
rememorar lindos recuerdos, momentos importantes en el grupo familiar y sobre
todo divertirnos en el intento de escritura!
IMPORTANTE:
-La fecha de entrega
dependerá de las resoluciones que el Ministerio tome sobre las licencias
preventivas. Lo mejor es que vayan trabajando sobre esta actividad a fin de
poder entregarlas por escrito (impresas) al momento de reencontrarnos en el
aula. O bien pueden entregarlas a través de la plataforma virtual Blended o del
Blog en cuanto la tengan lista, así puedo ir leyéndola con atención y
preparando la devolución de las mismas.
-Pueden utilizar papel y
lapicera al momento de escribir, pero a la hora de la entrega se solicitará que
todas las biografías estén escritas en un archivo Word, con letra clara (arial
en lo posible), tamaño grande (no menos de 12). Pueden entregarla impresas o
subirlas a las plataformas como dice en el apartado anterior.
MATERIAL DE LECTURA:
La
falsa biografía
Hernán Casciari nació en Mercedes, en 1971, y todo lo
que sigue es relativo o
fragmentario. Nadie es como
informa su biografía. En realidad, nadie es de
una manera única o lineal. Pensaba en esto ayer porque —en medio del rediseño de este blog—
quería actualizar el apartado «El Autor».
Estaba a punto de agregar datos nuevos,
y de repente me quedé en blanco. ¿Quién soy realmente? Y sobre todo, ¿quién debería explicarlo?
Las
biografías estándares dicen qué libros escribimos, qué premios ganamos
y otro montón de luces de colores; pero nunca explican a quiénes hicimos daño o qué piensan de nosotros los que nos desprecian. Si en lugar de personas fuésemos gobiernos, nuestras biografías serían un medio oficialista vergonzoso. Una mirada obsecuente
sobre nuestra propia gestión.
Esto ocurre
porque, en general, a las biografías las redactamos nosotros mismos en tercera persona del singular —nació,
estudió, obtuvo— y le hacemos creer al lector que fue redactada
por otro, por un escribano neutral de bigote sardina.
Pero no; son nuestros dedos los que teclean, en noches que
después nos van a hacer poner
colorados. Y a veces es todavía peor,
porque dejamos que la redacte el departamento de marketing de la
editorial que nos publica.
(…)
Esta triquiñuela semántica me hace acordar a una costumbre de Chichita, mi madre, cuando yo
era chico. A ella le
encantaba contar frente a los
demás mis hazañas, pero como yo tenía
muy pocas virtudes debía maquillarlas un poco.
Una tarde, frente a
un montón de parientes, Chichita dijo:
—Y un
aplauso para Hernán, que en los exámenes de matemáticas de todo cuarto grado
quedó ubicado como el segundo mejor varón.
Yo
había quedado undécimo, después de nueve chicas y Walter Fedullo, pero ella se
las había arreglado para mejorarme la biografía. Por suerte mi papá (que además
de sensato fue un gran humorista) dijo enseguida
—Y
no solo fue el segundo mejor varón, también fue el primer mejor gordo.
Al
final decidí que la nueva versión del apartado «El Autor» deberá tener desde la
semana próxima diferentes versiones biográficas, y no solo la estándar que
existe ahora. Ese será mi humilde intento de ser neutral.
Elegí
a cuatro personas para que ofrezcan ópticas diferentes de mi curriculum vitae.
Dos son oficialistas, y dos practican una salvaje oposición.
1) Una madre. La mía escribió hace años un
comentario en este blog, a raíz de mi cumpleaños número cuarenta; ese texto me
pareció adecuado como biografía a favor.
2) Un troll.
Escojo el texto de uno de los trolls
más perseverantes que padecimos en “Orsai” entre 2006 y 2007. Se hacía llamar
Alejandro, algunos de ustedes quizá recuerden su prosa barroca y su
ensañamiento. Llegó a publicar un blog de textos larguísimos en mi contra.
Elijo uno de esos posteos para mi segunda biografía.
3) Un amigo. Vuelvo a los medios afines y
llamo al frente a Chiri, que en 2008 ayudó a presentar mi segundo libro en un
teatro de Buenos Aires. Un fragmento de su coloquio servirá como biografía
oficialista.
4) Un abuelo. En mi caso, el materno. Un
hombre al que decepcioné de principio a fin. Este cuarto texto es el único
falso (es decir, lo escribí yo mismo en ausencia del protagonista, que está
muerto). Pero juro que lo hice con las palabras exactas que él usaba en vida
para describirme.
Biografía según una madre
Hernán Casciari, también llamado «mi gordo», nació un 16 de marzo de 1971, que era lunes.
Habíamos pasado un hermoso domingo
de marzo en la quinta de mis suegros. Estábamos todos
en familia y entre amigos, esperando la llegada del primer
hijo, el primer nieto, el primer sobrino.
Él parecía estar muy cómodo donde estaba, porque no quería salir.
Aumenté veinte kilos durante todo mi embarazo. ¡Una barbaridad! Mi médico, el
doctor Rebagliati, me había
dicho que podía haber un
error en la fecha. De todos modos, si
para el 16 no pasaba nada, me
inducirían el parto.
Nuestro
amigo Peti, que estaba con nosotros en la quinta, me llevó en su Citroën
amarillo a buscar una pelota para jugar en la quinta. Cuando pasábamos por las
vías lo hizo a mucha velocidad. «Vas a ver como así vas a tenerlo», me dijo.
Y tuvo
razón. A las seis de la tarde empecé con dolores muy fuertes, y así estuve
hasta la una de la mañana. Me internaron y decidieron hacerme cesárea, porque
el bebé estaba atravesado, y así siguió toda la vida.
«Nació un
varón —dijo el doctor Russi—, y qué grande es: cuatro kilos setecientos».
Ninguna de la ropita que pacientemente le había tejido le entró. Las abuelas
tuvieron que salir corriendo a comprarle ropa. Extasiada por todo lo que pasé,
yo solo quería dormir. Pero el doctor Russi me dijo: «No, el hijo debe estar
con la mamá», y me pusieron al lechón sobre el pecho.
Lloraba tan
fuerte que parecía un bebé de cinco meses. Roberto y yo estábamos felices:
había nacido por fin nuestro primer hijo, el 16 de marzo a la una y cincuenta
de la mañana; lo llamaríamos Hernán. Casualidad o no, un 16 de marzo de cuatro
años antes Roberto me había declarado su amor por carta.
A partir de
ese día supe que ya nunca más descansaría de noche como lo hacía antes. Y supe
también que el gordito era único. Todo lo que me hizo sufrir después, lo curaba
una sonrisa suya. Así fue antes y también así es ahora, porque imagino su
sonrisa y se me borran todos los dolores.
Biografía según un Troll
Hernán Casciari morirá solo y olvidado. Algunos años
en el futuro, un equipo explorador se
trasladará a un remoto y despoblado rincón del Polo Sur, antiguamente disputado por Argentina y Chile (y ahora reclamado por nadie), después de haber
recibido un telegrama procedente
de la Patagonia en el que nos avisarán
de la existencia de una misteriosa
sepultura presidida por una lápida con la siguiente inscripción:
«Menos
pútridos, menos corruptos que sus tábidas mentiras, bajo esta tierra infértil
los despojos de Hernán Sinpatria descansan su impostura. Nunca escritor, nunca
periodista, nunca español, nunca humorista, nunca argentino, mintió a todos,
engañó a pocos, aduló, sufrió escarnio, ascendió, descendió y escupió sobre las profesiones anheladas
por su envidia hasta desembarcar, repudiado por todas las naciones, en un
estuche sin brillo, en este, el cementerio de los parias.»
Biografía según un amigo
Hernán Casciari nace en Mercedes, Buenos Aires, en 1971, pero yo lo veo por primera
vez en 1977. Tengo siete años, a
lo mejor
ya cumplí los ocho. Vuelvo en bicicleta de la casa
de mi abuela por la calle
Treinta y Cinco y hay un grupo de chicos,
en silencio, que escucha una melodía triste y dulzona. La melodía
brota de un pequeño acordeón a piano.
El
que está detrás del instrumento es un gordito engominado para atrás, que
gesticula emocionado mientras avanza la melodía y sus manos acarician el
teclado. Me alejo del lugar un poco triste porque quiero quedarme con esos
chicos; pero no los conozco.
Si lo pienso
un poco, no es raro
que el primer recuerdo que
tenga de él sea ese. Hernán
en el centro de la escena, cautivando a sus amiguitos. Siempre fue igual.
Ya en la
primaria las maestras elegían sus redacciones para leer en voz alta, y nosotros
esperábamos ese momento porque nos divertía. Una vez en quinto grado la
señorita Nélida nos pidió que
completáramos una historia a partir de esta consigna: «los exploradores
apartaron las ramas, y detrás apareció la ciudad perdida».
Toda la clase
continuó con la historia de los exploradores. Hernán se
quedó en las ramas, contando cómo dos hormiguitas
cayeron al vacío a causa del manotazo de un explorador. En ningún momento mencionó
la ciudad perdida. Las únicas protagonistas del cuento fueron
esas dos hormigas.
Hernán era
un nene que escribía de verdad, como los escritores de los cuentos que a mí me
gustaban.
Podría
profundizar en otras cuestiones, pero no quiero ponerme sentimental. Sí quiero
dejar en claro que quienes lo conocemos de chico siempre supimos de algún modo
que, tarde o temprano, iba a ser escritor. Era inevitable.
Biografía
según un abuelo
Mi primer nieto no
nació en San Isidro,
como le pedí a la madre, sino
a cien kilómetros de mi casa; esto explica en parte que haya salido
tan pelotudo. No sirvió de mucho el amor que le brindé mientras crecía. Fue el primero de mis nietos; le saqué miles de fotos en la infancia y
deposité en él mis ilusiones de abuelo. Pero algo fallaba en
su personalidad.
Le dije varias
veces a la madre que ese chico iba
a necesitar las riendas cortas, pero en su casa nadie se
las puso. Ni mi hija, por demasiado compasiva, ni mucho menos
mi yerno Roberto, un buen muchacho
pero incapaz de pegar un golpe sobre
la mesa.
Por
culpa de esta educación informal, que muchos creen que es moderna, a Chichita los dos hijos les salieron torcidos: el varón
un drogadicto, un roñoso, un bufón de circo, y la más chica se tuvo que casar
embarazada muy joven. Yo estuve a punto de no ir a ese casamiento; me dolía en
el alma que mi nieta arruinara su futuro.
Pero fui, porque algunas cosas en la vida hay que hacerlas. Y en ese salón de fiestas vi la decadencia de mi nieto mayor.
Él tenía entonces más de veinte
años, estaba gordo, con un traje prestado
que le quedaba corto de mangas, en una mesa con otros impresentables.
Había un amigo suyo con el que
era carne y uña —se llama Chupi,
o Chipi— y este amigo le tiraba aceitunas de una punta a la otra de la mesa. Mi nieto las
cazaba al vuelo, con la boca abierta.
Se me encogió el corazón de tristeza al verlo, pero sobreviví un tiempo a esa noche. Supe algunos otros dislates sobre su vida: que escribía
o quería ser escritor, que se escapaba
por las madrugadas de los
departamentos donde vivía para no pagar el alquiler, que fumaba
y no creía en Dios, que a veces no tenía
domicilio fijo, que apostaba.
Su madre
jamás me informaba estas cosas, yo las sabía porque paraba la oreja en las
conversaciones; Chichita se cuidaba mucho
de contarme lo malo, únicamente
me informaba sobre algún logro literario del hijo.
Tampoco
creo que eso fuese cierto: yo leí algunos cuentos de mi nieto, en una breve
época que vivió en mi casa, y me decepcionaron muy mucho. Escribía groserías,
había temas sexuales y casi ningún valor ético a resaltar.
Puedo hablar sobre él solo hasta
el momento de mi muerte, a finales del
siglo pasado. Desconozco qué habrá hecho después.
Solamente sé que no estuvo
en mi entierro y que la última
vez que pensé en él, antes de
morir, vino a mi memoria aquella escena del casamiento: a mi nieto, a Hernán, alguien
le tiraba aceitunas verdes
como en un circo,
y él las atrapaba en el
aire, haciendo un sonido gutural con la boca. Cada vez que tragaba una,
los otros drogadictos de la mesa le
aplaudían la gracia.
Eso es todo lo que puedo decir sobre él. Que Dios lo ayude.
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NOTA FINAL:
Cualquier inconveniente,
duda, consulta, sugerencia o comentario que Ustedes quieran o necesiten hacerme
pueden hacerlo sin problemas a través de la plataforma digital Blended, también
a través del blog, o bien enviándome un mail a la siguiente casilla de correo: paula.brito.07@hotmail.com
con el nombre de asunto: “1°B TRABAJO
DOMICILIARIO”
Por favor, no dejen de
consultarme cualquier mínima duda que surja durante el trabajo. Estoy a su
disposición.
Saluda
atentamente.
PAULA BRITO
[1] Hernán Casciari nació en Mercedes, Buenos Aires, en 1971. Fundó la
Editorial “Orsai” y dirige la revista “Orsai” (crónica periodística) y la
revista infantil “Bonsai”. Publicó varias novelas y cuentos, tanto para adultos
como para niñes y jóvenes. Trabaja en radio y televisión. Y escribió y
protagonizó varias obras teatrales.
[2] Recuerden que pueden dar una
respuesta rápida y práctica, o pueden tomarse el tiempo de buscar el
significado de las palabras y retomar la lectura una vez sabido. Esto dependerá
de su intuición pedagógica basada siempre en las necesidades propias de su
hije.
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